Alabanza


Adorar a Dios, es darnos a Él por entero, de todo corazón, glorificarle, darle el mérito y la honra, reconocer que todo lo bueno procede de Él, ponerle en lo más alto, elevando nuestras voces en una alabanza sincera y gozosa, levantando nuestras manos en una actitud de abnegación, dando gracias por todo, poniendo toda nuestra confianza en Él, con reverencia y quietud, con algún tipo de silencio, incluyendo esa actitud que te lleva a arrodillarte ante Él, porque estamos maravillados al verle, porque, una vez que Dios se ha hecho presente, no hay alternativa, sólo podemos mirarle, adorarle postrados, amarle. 

Así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad y cuyo nombre es el Santo; Yo habito en la altura y la santidad y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los quebrantados. Si quieres ver a Dios cara a cara mientras lo adoras, has de vivir en santidad y tener una actitud humilde y quebrantada. 

Dios no busca hombres y mujeres que tengan grandes talentos, que valgan mucho por sí mismos, que sean impresionantes virtuosos con sus instrumentos y la voz, sino adoradores humildes que reconozcan su impotencia y torpeza, debilidad e incapacidad, para que Él se lleve toda la gloria y así nos pueda llevar a la victoria como lo hizo con grandes siervos como David, Moisés, Gedeón, Josué, Pedro, Pablo... que ganaron enérgicas batallas, pero reconocieron que todo era gracias al poder de Dios. 
Animo a todos los músicos que usen este manual a que sean conscientes de que dependemos totalmente del Señor, no somos nada sin Él y nada tenemos sin Él, así que elevemos los ojos a Dios en sumisión y dependencia absoluta a Él, en su gracia y misericordia. 

Cuando Misión comenzó con este bello ministerio de la alabanza, nos sentíamos torpes e incapaces y hoy, preferimos ser como aquellos niños que se confundían al tocar casi en cada acorde, pero que adoraban a Dios con toda su alma, necesitando de su gracia, dependiendo de su unción, siendo olor agradable a Dios y que nos usaba para que miles de jóvenes recibieran a Cristo... No queremos convertirnos en profesionales de la música, que sólo ofrecen buenos conciertos engordados de vanidad y su adoración es como címbalo que retiñe, sin producir fruto en el reino de los cielos. No quiero que me malinterpretes con esto, yo te animo a que te esfuerces y te prepares como buen músico para tocar bien tu instrumento con el que puedas adorar al Rey de reyes, pues Él se merece lo mejor de nosotros. 

Ofrezcamos siempre a Dios sacrificio de alabanza, tengamos siempre una actitud de dar, sin esperar nada a cambio, sin pedir una recompensa, sólo por amor, por respeto, y abnegación, admiración y agradecimiento, porque Dios se lo merece, porque deseamos agradarle, porque necesitamos DAR alabanza, decirle cuánto le amamos, cuánto le anhelamos, cuán precioso es su amor, cuán grande y sublime es nuestro Señor...

La alabanza no es pedir y rogar, ni siquiera una experiencia de un rato entretenido, rápido y rutinario, un entrar y salir por cumplir, sino que es necesario quedarse en intimidad con el amado, fijar tus ojos en Él, contemplar su hermosura, agarrarte de su mano y caminar sobre las aguas sin temor; recobrar fuerzas al oír su voz , postrados ante Él, mojar sus pies con tus lágrimas, derramar el mejor perfume, rendirte en cuerpo y alma, elevar tu voz con gratitud, alegría y pasión, enamorarte con todas tus fuerzas, salir fuera de la dimensión del tiempo, para disfrutar de su Eterna Majestad. 

Rebeca Díez,
vocalista del grupo Misión

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